Enero 2020

La llave de los misterios

Juan tiene 11 años, cursa sexto de EGB en el colegio San  Felipe y se pasa las tardes leyendo aventuras y jugando a videojuegos en su ordenador personal. Sin embargo, el hallazgo de un enigmático libro  en la biblioteca le abrirá las puertas de los misterios que encierra una ciudad diferente al Cádiz que conoce. Una ciudad en la que existen objetos de poder, casas encantadas, árboles mágicos, laberintos bajo tierra y criaturas espectrales. En compañía de sus amigos, Juan debe averiguar si está preparado para vivir una aventura real.



Crónicas Urbanas

Aunque no se le menciona, este libro surge también de mi estrecha relación con Fernando Quiñones, mi padre literario –como ya he contado en numerosas ocasiones– y que firmaría, dos años más tarde, el prólogo de mi libro siguiente, “Medina y otras memorias”. En las dedicatorias de “Crónicas urbanas”, se vislumbra mi adicción a la ecología temprana, al urbanismo –hay un poema dedicado a Ricardo Bofil por influencia de José Agustín Goytisolo y su “Taller de arquitectura”–, la música –Hilario Camacho, Luis Eduardo Aute, el flamenco, el jazz—y a la amistad, que festejo en textos dedicados a José Chamizo, Juan Gómez Macías a través de la poesía de Onofre Rojano, o Manuel Jesús Ruiz Torres, con quien habría de crear ese año el Colectivo del Sur, que editaría desde el Campo de Gibraltar la revista “Cucarrete”. Con anterioridad, yo había contribuido a fundar en Cádiz, en 1977, el colectivo y la revista “Jaramago”, con Rafael Marín, a quien nunca podré pagarle su lealtad y su memoria a la hora de rememorar aquellos años en sus novelas “El anillo en el agua” y “El niño de Samarcanda”. De aquel ámbito, formaban parte el formidable poeta y actor José Ángel González, el cantautor Juan Mariscal, los activistas Leo Hernández, Dori Barrios o Juan Andrés Mateos, el dibujante Miguel Martínez, el periodista Fernando Santiago o Ana Sánchez, con la que transité del amor juvenil a la querencia fraterna de por vida.

Nuestra Señora de la Esperanza

La política municipal del ayuntamiento del cambio gaditano es el contexto de las aventuras de Rafael Bechiarelli.

El detective de Cádiz recibe el espinoso encargo de investigar, de forma no oficial, la violenta muerte de Gabriel Araceli, el concejal de vivienda y dirigente de la coalición Poder Popular, que gobierna la ciudad.

Nuestra señora de la esperanza es una novela en la que el Carvalho gaditano se enfrentará a las conspiraciones políticas, las guerras sucias, las corruptelas, los rumores, las denuncias y los escándalos en los plenos municipales. Bechiarelli, en problemas y sin oficina, se encontrará cara a cara con la fauna política de la ciudad trimilenaria.

Una magistral novela sobre el crimen y sus víctimas, sobre la impunidad y la ley, sobre la fe y la esperanza y sus verdugos.