Crónicas Urbanas

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Aunque no se le menciona, este libro surge también de mi estrecha relación con Fernando Quiñones, mi padre literario –como ya he contado en numerosas ocasiones– y que firmaría, dos años más tarde, el prólogo de mi libro siguiente, “Medina y otras memorias”. En las dedicatorias de “Crónicas urbanas”, se vislumbra mi adicción a la ecología temprana, al urbanismo –hay un poema dedicado a Ricardo Bofil por influencia de José Agustín Goytisolo y su “Taller de arquitectura”–, la música –Hilario Camacho, Luis Eduardo Aute, el flamenco, el jazz—y a la amistad, que festejo en textos dedicados a José Chamizo, Juan Gómez Macías a través de la poesía de Onofre Rojano, o Manuel Jesús Ruiz Torres, con quien habría de crear ese año el Colectivo del Sur, que editaría desde el Campo de Gibraltar la revista “Cucarrete”. Con anterioridad, yo había contribuido a fundar en Cádiz, en 1977, el colectivo y la revista “Jaramago”, con Rafael Marín, a quien nunca podré pagarle su lealtad y su memoria a la hora de rememorar aquellos años en sus novelas “El anillo en el agua” y “El niño de Samarcanda”. De aquel ámbito, formaban parte el formidable poeta y actor José Ángel González, el cantautor Juan Mariscal, los activistas Leo Hernández, Dori Barrios o Juan Andrés Mateos, el dibujante Miguel Martínez, el periodista Fernando Santiago o Ana Sánchez, con la que transité del amor juvenil a la querencia fraterna de por vida.

Datos del producto

Título: Crónicas Urbanas

Autor: Juan José Téllez

Páginas: 154

PVP: 10,00 €

ISBN: 978-84-17646-63-9
Colección: Viento Verde


Detalles

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Aunque no se le menciona, este libro surge también de mi estrecha relación con Fernando Quiñones, mi padre literario –como ya he contado en numerosas ocasiones– y que firmaría, dos años más tarde, el prólogo de mi libro siguiente, “Medina y otras memorias”. En las dedicatorias de “Crónicas urbanas”, se vislumbra mi adicción a la ecología temprana, al urbanismo –hay un poema dedicado a Ricardo Bofil por influencia de José Agustín Goytisolo y su “Taller de arquitectura”–, la música –Hilario Camacho, Luis Eduardo Aute, el flamenco, el jazz—y a la amistad, que festejo en textos dedicados a José Chamizo, Juan Gómez Macías a través de la poesía de Onofre Rojano, o Manuel Jesús Ruiz Torres, con quien habría de crear ese año el Colectivo del Sur, que editaría desde el Campo de Gibraltar la revista “Cucarrete”. Con anterioridad, yo había contribuido a fundar en Cádiz, en 1977, el colectivo y la revista “Jaramago”, con Rafael Marín, a quien nunca podré pagarle su lealtad y su memoria a la hora de rememorar aquellos años en sus novelas “El anillo en el agua” y “El niño de Samarcanda”. De aquel ámbito, formaban parte el formidable poeta y actor José Ángel González, el cantautor Juan Mariscal, los activistas Leo Hernández, Dori Barrios o Juan Andrés Mateos, el dibujante Miguel Martínez, el periodista Fernando Santiago o Ana Sánchez, con la que transité del amor juvenil a la querencia fraterna de por vida.